Museo Geominero

Autoría: Juan Manuel Garcia Ruiz

Fósiles , Geología , Madrid , Meteoritos , Mineralogía

Instituto Geológico y Minero de España

Entrevista con Ana Rodrigo

Directora del Museo Geominero del Instituto Geológico y Minero de España

 

Cuando se proyecta en un cine fórum el documental El Misterio de los Cristales Gigantes siempre, en cualquier lugar del mundo, alguien nos pregunta: “¿Qué museo es el que sale al final de la película?”. Los espectadores se quedan maravillados con esos planos que tomó Javier Trueba. Deber ser un gustazo trabajar en él ¿no?

 

Sí, es un auténtico privilegio. Después de casi 25 años trabajando en el Museo Geominero todavía me sigue fascinando la magia que desprende su atmósfera: parece detenida en el tiempo. Y esa percepción no es solamente mía. Los visitantes que contemplan por primera vez la sala principal se quedan literalmente con la boca abierta

¿Cómo nace este museo?

Su origen se encuentra estrechamente ligado al nacimiento del Instituto Geológico y Minero de España. En 1849, la Reina Isabel II creó una comisión de expertos para formar la carta geológica del terreno de Madrid y coordinar los datos para la carta general del reino. El nombre oficial fue Comisión del Mapa Geológico de España. Para poder realizar la cartografía, la comisión debía muestrear rocas, fósiles y minerales que le permitiera datar los terrenos. Así fue como, poco a poco, se fue reuniendo una importante colección que acabó ubicándose definitivamente en el Museo Geominero en 1927.

Además de las colecciones de minerales, el propio continente, el edificio en sí, esas vidrieras, son maravillosas. Cuéntanos su historia.

 

Su origen se encuentra estrechamente ligado al nacimiento del Instituto Geológico y Minero de España. En 1849, la Reina Isabel II creó una comisión de expertos para formar la carta geológica del terreno de Madrid y coordinar los datos para la carta general del reino. El nombre oficial fue Comisión del Mapa Geológico de España. Para poder realizar la cartografía, la comisión debía muestrear rocas, fósiles y minerales que le permitiera datar los terrenos. Así fue como, poco a poco, se fue reuniendo una importante colección que acabó ubicándose definitivamente en el Museo Geominero en 1927.

El mobiliario, los expositores ¿son también antiguos?

Las 250 vitrinas de la exposición permanente del museo se construyeron expresamente para aquel espacio. El mobiliario data de los años 20 del siglo pasado, lo que conlleva ciertas constricciones a la hora de la intervención museográfica ya que los muebles no son estancos, algunos carecen de iluminación, las vitrinas se abren trabajosamente… Sin embargo, merece la pena mantener y cuidar cada uno de estos muebles únicos primorosamente fabricados a mano. Hay algunas vitrinas modernas que contienen colecciones adquiridas en fechas recientes. Es el caso de las que albergan la exposición de gemas o los ejemplos de minerales inestables.

¿Cuál es la pieza, o piezas, que destacarías de la colección? O, dicho de otro modo, ¿cuáles son las que un visitante no debería dejar de ver? 

¡Esta es la pregunta del millón! No hay periodista que nos visite que se deje esa curiosidad en el tintero. Es difícil contestar porque nuestra exposición tiene cerca de 16.000 piezas en exhibición permanente. Así que elegir entre miles de posibilidades no es nada fácil. Pero voy a ello, limitando la selección a ejemplares españoles. Pensando en un fósil, sería interesante no perderse las ranas del yacimiento de Libros (Teruel), porque tienen una conservación excepcional, tanto que es posible observar en algunos ejemplares restos de partes blandas como ojos, piel e incluso el contenido estomacal. Vivieron en el Mioceno, hace unos 10 millones de años. Sus restos fósiles se encontraron en una antigua mina de lignito y azufre situada en la localidad turolense de Libros que se explotó durante la primera mitad del siglo XX.

En relación con los minerales, las piritas de Navajún son sin duda unos cristales espectaculares que hacen las delicias de pequeños y grandes por su característica geometría cúbica. El origen de su nombre es muy curioso: deriva del griego pyr (fuego), porque al ser golpeadas desprenden chispas. La pirita es un sulfuro de hierro que suele presentar un color amarillento que ha motivado una histórica confusión con el oro. Por esta razón también se la conoce con el llamativo nombre de oro de los locos.

 

Meteorito Retuerta réplica

Por último, como ejemplo de roca, destacaría un meteorito metálico de unos 100 kilos encontrado en 1980 en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real). Sin embargo, no fue hasta 2013 cuando se dio a conocer gracias a las investigaciones de científicos del Museo Geominero, ya que durante más de tres décadas sus propietarios confundieron esa masa oxidada con chatarra bélica y la utilizaron para prensar jamones. Su longitud (algo menor de medio metro) y su peso la hacían idónea para ayudar a eliminar los fluidos de la pata del cerdo durante el proceso de salazón. Por eso lo llamamos coloquialmente ¡el meteorito jamonero!

 

 

Meteorito Retuerta fragmento

 

Los estudios geoquímicos realizados por petrólogos del museo determinaron que el siderito está formado por dos minerales de hierro y níquel (taenita-kamacita), además de cohenita, cristalizados a alta presión y temperatura y formando el típico entramado geométrico de las denominadas figuras de Widmanstätten.

 

 

¿Y tu pieza favorita, esa que, en caso de incendio -toquemos madera-, tú correrías a salvar?

 

Pallasita

Si hubiera un incendio, algunas de las piezas más valiosas de nuestras colecciones desde el punto de vista científico estarían a buen recaudo protegidas en armarios ignífugos. Me refiero a los ejemplares tipo que sirven para definir especies tanto en paleontología como en mineralogía. Pero puestos en la tesitura que me planteas, y dejando claro que me resulta dificilísimo responder a esta pregunta, quizás correría a salvar de la quema nuestra colección de meteoritos. Está compuesta por unas 30 piezas (pallasitas, condritas, acondritas, sideritos) entre las que destaca un pequeño fragmento de meteorito lunar. Como los ejemplares no son excesivamente grandes y están ubicados en la misma vitrina, podría guardarlos con cierta rapidez en una mochila pequeña. ¡Pero espero no verme en la disyuntiva de elegir qué piezas poner a salvo!


Ahora eres la directora del museo, pero ¿cómo llegaste hasta aquí? ¿Cómo una mujer joven como tú acaba siendo directora de un museo con tanta solera?

Empecé a trabajar en el museo en el año 1996 gracias a una beca de formación. He desarrollado, por tanto, mi carrera profesional desde abajo, conociendo de primera mano y participando activamente en las líneas de trabajo que desempeñamos en el museo: investigación, conservación y educación-divulgación. Hace ahora tres años Isabel Rábano, a la sazón directora durante más de dos décadas, me ofreció la posibilidad de relevarla. No olvidaré sus palabras: “Me han ofrecido un puesto de mayor responsabilidad y solo diré que sí si tú accedes a quedarte con la dirección del museo”. Tuve mis dudas ante el vértigo que me produjo tan inesperada propuesta, pero acepté encantada por dos razones: los magníficos profesionales que conforman el equipo del museo, a los que conozco bien y de los que me siento particularmente orgullosa; y saber que Isabel, a quien tanto debo y de quien tanto he aprendido, seguiría siendo mi jefa y por ello podría contar con su asesoramiento y magisterio a la hora de tomar determinadas decisiones.

¿Qué investigación se hace en el Museo? 

En el ámbito de la Paleontología se desarrollan las siguientes temáticas: Primero, paleoicnología y paleobiología de vertebrados mesozoicos. En segundo lugar, sistemática, paleoecología y paleogeografía de moluscos y braquiópodos mesozoicos. Tercero, paleobotánica del Mesozoico y Cenozoico. En cuarto lugar, el estudio de artrópodos fósiles conservados en ámbar mesozoico y cenozoico. En quinto, la bioestratigrafía, taxonomía y paleobiología de invertebrados paleozoicos, cretácicos y eocenos. Y en sexto y último lugar, el patrimonio paleontológico mueble.

Por lo que se refiere a Mineralogía y Petrología, se trabaja en otros seis campos: Uno, la petrología de materiales ígneos: estudio y clasificación de meteoritos; dos, la petrología de materiales sedimentarios: estudios paleoclimáticos y geoquímicos en espeleotemas y geoquímica de aguas en cuevas. En tercer lugar, la geoquímica de ámbar cretácico; en cuarto, la participación en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico (ELIG). El quinto campo es el desarrollo de metodologías de valoración patrimonial de yacimientos minerales, y el sexto y último, el patrimonio mineralógico y petrológico mueble.

¿Tenéis un programa de divulgación? ¿Trabajáis con escuelas y profesores?

Sí, desde el año 2000 trabajamos en temas educativos para visibilizar la Geología y conseguir aumentar la alfabetización científica en Ciencias de la Tierra. Con ese objetivo desde el Museo se organizan diferentes actividades destinadas a sectores diversos de público: visitas guiadas, talleres, cursos, conferencias, etc. Asimismo, participamos en eventos periódicos como la Semana de la Ciencia, la Feria de la Ciencia, el Día Internacional de los Museos, la Noche de los Libros, la Noche de los Investigadores, Geolodía, etc. En nuestra página web (www.igme.es/museo) hay mucha información disponible para diferentes públicos: guías para profesores, cuadernos de trabajo para alumnos, hojas de sala, acceso a audiovisuales educativos, juegos en red, catálogos de las colecciones, préstamos de maletas didácticas, etc.

¿Cuántas visitas recibe el museo? 

Un promedio de 48.000 visitas anuales.

¿Y qué planes tenéis para el futuro?

Respondo a estas preguntas en pleno confinamiento por la pandemia de la covid-19. Pensar, por tanto, en el futuro habiendo tanta incertidumbre alrededor se hace cuesta arriba. Pero como esto pasará y en algún momento podremos recuperar la normalidad, mis planes a medio plazo van por aquí: consolidar la plantilla con algunos profesionales que todavía no tienen plaza fija y cuyas funciones son imprescindibles para el buen desarrollo del museo; obtener financiación para continuar con nuestras investigaciones; llegar a más público a través de más actividades y propuestas; continuar con nuestra serie de audiovisuales Gea; terminar la remodelación de algunas de nuestras exposiciones permanentes; organizar e investigar la colección de micropaleontología; conseguir más espacio de almacenamiento para nuestros fondos y poner en marcha una tienda

 

 

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